Ciencia Ficción en el viñedo.

¡Atención!, si estando en la viña te sobrevuela un objeto volante no identificado (OVNI), conten tu natural tendencia a lanzarle la azada o liarte con el a pedradas, puede que sea un dron estudiando el terreno.

En el campo de los drones o vehículos no-tripulados cada mes aparecen nuevos avances: su utilización para cuestiones militares es ya muy avanzada; a nivel civil llevan tiempo utilizándose como juguetes y entretenimiento y para labores fotográficas. Ahora una compañía francesa llamada Airinov está utilizando estos pequeños aviones no tripulados para examinar los terrenos de cultivo y ayudar a los agricultores a optimizar su trabajo con las cosechas.

El pequeño modelo de “ala delta” motorizada que utiliza esta empresa francesa, de unos dos metros de envergadura, está complementado por un software especializado para realizar todos los cálculos en base a los datos recogidos. El avión en sí es ligero y cuenta con un GPS, un modo de vuelo autónomo y basta indicarle en un mapa convencional la zona aproximada a examinar.

El concepto surgió como una forma de obtener una cartografía muy especializada: equipando al avión con unas cámaras de luz visible y de otras longitudes de onda del espectro que toman las imágenes se examina el reflejo de la luz ambiente sobre los terrenos. Esto genera una especie de “mapas de calor” de gran precisión que pueden examinarse posteriormente con el software adecuado. Los operadores tan solo tienen que soltar el avión en el campo, esperar a que transmita la información y aterrice como buenamente pueda.

Los colores de las imágenes simbolizan los valores de concentración de ciertos compuestos químicos, un cálculo de la biomasa y otros detalles. Como las cámaras pueden distinguir la superficie ocupada por las plantas con gran precisión esos valores mejoran los cálculos que si se realizaran tan solo de forma aproximada. Los agricultores pueden entonces decidir utilizar un tipo de fertilizantes u otros, aumentar o disminuir el riego, etc.

Además de mejorar el conocimiento de lo que está sucediendo en los terrenos este sistema también puede suponer un buen ahorro: optimizando la cantidad de fertilizantes que se emplean en los terrenos se pueden ahorrar unos cuantos cientos de euros por hectárea, lo que en terrenos amplios puede suponer toda una diferencia al final de la cosecha.

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