Enopión, hijo de Dioniso, rey de Oenopedion

En la mitología griega Enopión (en griego antiguo Οἰνοπίων, ‘bebedor de vino’ o ‘con cara de vino’), hijo de Dioniso y Ariadna, fue un legendario rey de Quíos, de quien se decía que introdujo la elaboración de vino en la isla.

A medida que fue creciendo, Dioniso fue adquiriendo la cultura del vino, comenzando por el inesperado hallazgo de un frágil tallo de parra. La delicada planta, que apenas tenía unos pocos brotes verdes, fue preservada por Dioniso quien de a poco fue descubriendo la forma de extraer su precioso jugo, transformando aquellas uvas en vino. Para lograr el paulatino crecimiento y fortalecimiento del tallo, a medida que el mismo iba creciendo, Dioniso le fue introduciendo huesos de distintas especies que se diferenciaban principalmente por su tamaño: primero un hueso de pájaro, luego uno de león y finalmente uno perteneciente a un asno. De esta manera, el tallo se convirtió en una parra y dio su fruto. Lo sorprendente era que la bebida que extrajo de aquel racimo, nació con las cualidades de los seres a los que había correspondido criar la planta: alegría, fuerza y estupidez. De aquí surge que si una persona bebe con moderación, se encontrará alegre y fuerte (como un pájaro y como un león, respectivamente). Pero, en caso de superar cierta cantidad, y de que esto suceda asiduamente, el bebedor se volverá tonto (como un asno).

En lo que respecta al amor de Dioniso no podemos dejar de mencionar a Ariadna, la hija de Minos y Pasífae, quien había sido abandonada por Teseo en la isla de Naxos. Ariadna se encontraba durmiendo en la playa, ignorando aún su desgracia, cuando fue vista por Dioniso, quien se enamoro de ella haciéndola su esposa. Posteriormente Ariadna fue divinizada por Zeus, y tuvo cuatro hijos con Dioniso, que fueron Toante, Estásfilo, Enopión y Pepareto.

En cuanto a Enopión, fue el primero en enseñar a los habitantes de Quíos (isla griega en el Mar Egeo situada en las afueras de la costa de Turquía, donde se venera a Enopión  – el bebedor de vino) cómo cultivar la vid y producir vino tinto. Esto quedó reflejado a través de las palabras de Atenea… “El vino tinto y el arte de plantar, así como también el acto de tender las vides fue hecho primeramente por los habitantes de Quíos, ellos fueron los primeros en aprender el arte de Enopión, hijo de Dioniso”…

“El vino tinto y el arte de plantar, así como también el acto de tender las vides fue hecho primeramente por los habitantes de Quíos, ellos fueron los primeros en aprender el arte de Enopión, hijo de Dioniso”

El vino más fino de Quíos era aquel conocido como Ariousian, después del área montañosa y de pantanos de Ariousia en Quíos del norte. El imponente paisaje permanece hermoso como siempre, excepto que ahora hay muy pocas vides.

La contribución hecha por el vino al desarrollo del comercio y la economía, es clara en las monedas, en donde están representados los dos mayores símbolos conectados con el vino: La Ánfora, en donde el vino es transportado, y la Esfinge, guardián de la tumba de Enopión.

ORIÓN, el cazador, era conocido por ser el hombre más apuesto del mundo. Cierto día se enamoró de Mérope, la hija de Enopión. Pero Enopión no era un simple mortal; tenía ascendencia inmortal por ser hijo de Dioniso, dios del vino y del éxtasis, y las intensas pasiones del padre se encontraban latentes en su ser más profundo.

Enopión le prometió a Orión que podría obtener la mano de Mérope, pero solo si era capaz de hacer que la campiña se viese libre de las temibles bestias salvajes que amenazaban la vida de los habitantes. Esto no ofrecía dificultad a un cazador de experiencia, y Orión aceptó el reto gustosamente. Tras haber completado su tarea, se presentó ante Enopión ansioso por recibir su recompensa. Pero Enopión halló razones para retrasar la boda: aún quedaban más osos, lobos y leones merodeando por las colinas. En realidad, Enopión no tenía intención de dar a su hija en matrimonio porque, en secreto, estaba enamorado de ella.

Orión se sentía cada vez más frustrado ante la situación. Una vez más rastreó las colinas en busca de animales salvajes, y nuevamente Enopión encontró razones para posponer la boda. Una noche, Orión cogió una gran borrachera con el mejor vino de Enopión (y el vino de un hijo de Dioniso era ciertamente bueno, y más fuerte que cualquier otro) y, en ese estado deplorable, penetró en el dormitorio de Mérope y la violó. Como resultado de este acto violento, Enopión se sintió justificado para vengarse de Orión. Forzó a este a que bebiera más vino, hasta que Orión estuvo borracho perdido. Entonces Enopión le arrancó los ojos y lo arrojó ciego e inconsciente sobre la playa.

Hefesto se apiadó del ciego Orión y le dio a Cedalión, un muchacho que le servía de guía. Cedalión le condujo al este, donde el sol naciente devolvió la vista a Orión. Éste decidió entonces matar a Enopión, pero Hefesto le había construido al rey una fortaleza subterránea, por lo que Orión no pudo encontrarlo y marchó a Delos, donde conoció a su siguiente amor, Eos, y vivió para realizar muchas aventuras más.

“El vino es amigo del sabio y enemigo del borracho. Es amargo y útil como el consejo del filósofo, está permitido a la gente y prohibido a los imbéciles. Empuja al estúpido a las tinieblas y guía al sabio hacia Dios”
Avicena, médico persa, siglo XI
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